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Pedazos de armas rotas, monedas, y un esqueleto parcialmente digerido, son visibles dentro de este tembloroso cubo de limo.
Este hidrodinámico mamífero pisciforme posee unos ojos centelleantes, situados encima de una boca sonriente llena de centenares de dientes.
Los demonios existen con un objetivo: destruir. Donde sus contrapartidas legales, los diablos del Infierno, buscan retorcer las mentes y valores mortales para rehacerlos y reconstruirlos en reflejos de su propio mal, los demonios sólo buscan mutilar, dañar y alimentarse. Solo reclutan vidas mortales si éstas aceleran la destrucción final de la esperanza y la bondad. La muerte es, de alguna manera, su enemigo ya que un mortal que muere suele poder escapar de las garras de un demonio y huir hacia su recompensa en el más allá. Son la prolongación del dolor y el sufrimiento de los mortales lo que aviva la lujuria y el deseo de un demonio, ya que en parte el pecado mortal y la crueldad es para lo que nacieron estos infernales monstruosos.
Los demonios son la más profilica de las razas infernales, están entre las más destructivas, y pese a lo que algunos predican, no se contaban entre las primeras formas de vida que se alzaron de los malolientes fosos de ruina y crueldad conocidos en todo el multiverso como el Abismo. Antes de que el primer dios novato pusiera sus ojos sobre la realidad, antes de que la vida mortal respirase, antes incluso de que el propio plano Material fuese creado del todo, el Abismo ya estaba infestado de vida.
Conocidos por muchos eruditos como "proto-demonios", estos seres despreciables y mortíferos fueron los qlippoth. Hoy, debido a la influencia de almas mortales pecaminosas en el Abismo, sumadas a alteraciones profanas a manos de guardianes daimonion de Abaddon, y los crueles caprichos del destino y la evolución, el reinado de los qlippoth ha menguado. Los proto-demonios habitan ahora en los rincones nocivos y olvidados del Abismo, y los mucho más fecundos y prolíficos demonios gobiernan ahora en su lugar. Con cada alma mortal maligna que se dirige al Abismo, las filas de las hordas demoníacas aumentan (una sola alma puede alimentar la manifestación de docenas o incluso cientos de demonios, guiando las formas y roles de los nuevos infernales creados mediante la naturaleza exacta de los pecados llevados por las almas).
El Abismo es un vasto reino (según algunos, infinito) mucho más grande que cualquier otro plano, salvo posiblemente el caos primigenio del mismísimo Maelstrom. Como corresponde a tan vasto y variado reino, la hueste demoníaca es igualmente diversa. Algunos poseen formas humanoides, mientras que otros son bestias retorcidas. Algunos caminan por el suelo, y otros surcan el aire o el mar. Algunos son calculadores y manipuladores de las emociones y la política, mientras que otros son máquinas de destrucción. Sin embargo, todos los demonios trabajan con el mismo objetivo: el dolor y el sufrimiento para la vida mortal en todas sus formas.
A pesar de ello, los mortales han deseado la ayuda demoníaca desde los comienzos. Sea por una atracción instintiva por la autodestrucción, o por un erróneo deseo de poder, los conjuradores de hoy día siguen convocando demonios mediante magia prohibida. Algunos conjuran demonios en busca de conocimiento, mientras que otros los llaman para que les sirvan como asesinos o guardias. Los demonios ven estas convocaciones con una mezcla de odio y gratitud, ya que muchos carecen de la capacidad de viajar por sí mismos al plano Material a sembrar el caos. Dependen de los locos para que los llamen desde el Abismo, y mientras rechinan sus colmillos y claman contra las órdenes y las restricciones impuestas, muchos encuentran maneras de distorsionar las demandas de sus convocadores de forma que incluso el esclavo demoníaco mejor controlado deja un rastro de devastación y desesperación tras de sí. La mayoría de las veces un lanzador de conjuros descuidado comete un error fatal en la conjuración y lo paga con sangre, liberando sin querer una terrible desgracia en el mundo cuando pierde el control sobre lo que ha hecho.
Los que están locos de verdad llaman a los demonios para ofrecérseles ellos mismos, en cuerpo y alma, en la errónea creencia de que esa alianza con los demonios puede comprar la salvación y su protección cuando por fin llegue el apocalipsis demoníaco. Son bien conocidas las historias de reyes desesperados que buscaron contratar demonios para servir como generales de sus ejércitos, o de lunáticos que buscan progenitores demoníacos para ofrecerles chiquillos dantescos, y aún peores son aquellos mortales que adoran como dioses a los demonios más poderosos, y quienes entregan su vida al servicio de lo que traería la destrucción más absoluta.
Los Señores Demoníacos son los más poderosos de su especie (y como la propia horda demoníaca, son innumerables y variados). Aunque son poderosos y hasta dioses en algunos casos, ningún Señor Demoníaco puede reclamar el gobierno del Abismo por completo; lo mejor que pueden conseguir es gobernar un puñado de reinos del Abismo, y la mayoría apenas puede mantener su influencia sobre una de sus capas. Existe otra categoría de demonios únicos entre la poderosa raza de los bálor y los Señores Demoníacos; son Señores Demoníacos nacientes, poderosos seres que con el tiempo podrían reunir el suficiente poder como para que el Abismo se percatara de su presencia y los elevara al estatus de Señores Demoníacos verdaderos.
La siguiente lista de Señores Demoníacos no está completa, pero enumera muchos cuya influencia puede sentirse en numerosos mundos.
Solo los dientes y las garras de este demonio sombrío con alas de murciélago dan la sensación de ser físicos, el resto se pierde en la oscuridad.
Esta esquelética figura parece un esqueleto humano, cubierto por una piel de cuero viscoso pegada al hueso, y con un cuerno en la cabeza.
La cabeza cornuda y el rostro lleno de colmillos de este infernal alado muestran la perfección de la forma demoníaca, con el añadido del fuego que surge de su cuerpo.
El cuerpo hinchado de esta criatura tiembla a cada paso y, a pesar de su forma, se mueve con sorprendente rapidez.
Cuatro brazos adornan el torso de esta altísima monstruosidad, cuyos ojos brillan con una mezcla de inteligencia y crueldad.
La carne acorazada de este infernal es escamosa y húmeda, y una gran boca dentada se abre bajo un par de hambrientos ojos reptilianos.
Este infernal con cuerpo de serpiente posee el torso de una mujer de seis brazos, orejas puntiagudas, y unos ojos brillantes y sobrenaturales.
La boca de este estilizado infernal está llena de colmillos afilados, mientras que unas grandes alas parecidas a las de un murciélago se despliegan de su piel escamosa.
Este infernal, una bestia corpulenta y muy alta, posee la horrible cabeza de un jabalí, y unos brazos terminados en manos gruesas de cuatro dedos.
Dos cuernos de carnero se enroscan hacia atrás desde la perversa cabeza de este menudo y alado demonio, de cuerpo delgado y nervudo.
Los pequeños cuernos, las alas de murciélago, y la cola sinuosa delatan la naturaleza demoníaca de esta seductora mujer.
Una nube de esporas y un rastro de plumas rodean a este perverso cruce entre un hombre y un gigantesco buitre.
Este humanoide azul pálido posee ojos saltones y blancos, pelo alborotado, manos con cuatro dedos, y una gran clava con un garfio.
La caja torácica de este cadáver reseco y flotante es una prisión de costillas aserradas, dentro de la que está atrapada una pequeña forma fantasmal atormentada.
Desprovisto de cabeza, o de cualquier otro rasgo salvo cuatro patas cortas y terminadas en garras, el cuerpo de esta criatura parece un gran cerebro brillante.
Maestros de la corrupción y saqueadores de la pureza, los diablos buscan destruir todo lo bueno, y llevarse las almas mortales a las profundidades del Infierno. Poseedores de poderes infernales mortíferos, y unificados bajo las órdenes de Asmodeo, el Príncipe de la Oscuridad, y sus ocho tiranos archidiablos, las legiones del Infierno custodian y atormentan a los espíritus más inválidos del multiverso, pero sin quitar ojo a los mundos del plano Material en busca de nuevas conquistas.
Debido a que son los infernales más numerosos que ocupan el Infierno, las distintas formas de diablos han sido bien catalogadas por los diabolistas. Muchos son conocidos por dos nombres: un título evocador otorgado por la gente común y el folclore, y uno secreto, una denominación antigua utilizada por los sirvientes del Infierno y por quienes buscan tratos con los condenados.
Nacidos a partir de las almas mortales más débiles (con la personalidad y la memoria borradas por milenios de tormento) los aspirantes a diablos se alzan de las masas de almas en pena en forma de lémures, seres repulsivos y sin mente, con gran capacidad para hacer el mal. Solo los siglos de tortura continuada o los edictos de diablos más poderosos hacen posible que los más bajos de la raza de los diablos se alcen para convertirse en infernales más mortíferos, consiguiéndolo mediante una destructiva y dolorosa metamorfosis dictada por sus amos, o por los caprichos infernales de las casi inteligentes capas del Infierno. Así como los señores infernales utilizan la transformación en formas mayores o menores como premio y como castigo, algunos diablos se alzan espontáneamente a partir de almas particularmente malignas, atrapadas mucho tiempo atrás en una capa infernal. Por tanto, aunque las diferentes variedades diabólicas poseen aptitudes reconocibles y mantienen rangos generalizados en la gran jerarquía infernal, el tipo de un diablo no siempre se corresponde a una antigüedad específica de tormento o a un lugar en la cadena de mando infernal. Las legiones de Asmodeo muestran respeto por las aptitudes y la experiencia, y un diablo menor particularmente habilidoso podría supervisar a miembros recién creados de una forma fundamentalmente más poderosa.
Los diablos ocupan las nueve capas del Infierno, aunque determinados infernales son más comunes en unas capas concretas que en otras, ya que sus funciones o lealtades específicas a determinados archidiablos les sitúan mejor en un dominio que en otros. Aunque los distintos tipos de diablos tienden a especializarse en formas únicas de depravación o tentación, las jerarquías del Infierno no carecen de flexibilidad para talentos individuales fuera de lo común. Así, los hamatula particularmente atentos podrían unirse a los rangos de los diablos óseos inquisidores de Phlegethon, mientras que los veteranos barbazu podrían servir entre los diablos de la sima de Nessus.
Más allá de los pozos del Infierno, los diablos a menudo viajan al plano Material cuando son convocados por lanzadores de conjuros malignos. Raudos en negociar, y deseosos de servir a los mortales para garantizar su condenación, los diablos siempre obedecen al pie de la letra sus acuerdos, pero ante todo sirven a los caprichos del Infierno. Por tanto, incluso el menor de los diablos podría llegar al plano Material decidido a corromper almas, escapando claramente de los lazos de su contrato para satisfacer sus propios planes, o para promover las innombrables metas de los archidiablos del Infierno.
En medio de los pozos del Infierno conspiran innumerables señores diabólicos. Aquí se presenta una lista de sólo unas pocas personalidades infernales conocidas por los diabolistas.
Los diabolistas hablan a menudo de los rangos del Infierno, las distinciones creadas entre los diablos, que diferencian a los soldados de a pie de los comandantes de las hordas del Infierno. A pesar de que estas divisiones significan poco para la mayoría de los mortales (un diablo es un enemigo mortal en cualquiera de sus encarnaciones) las jerarquías y matices de la sociedad del Infierno implican diferencias vitales para la supervivencia de quien comulga con diablos. Lo que distingue a una variedad de diablos por encima o por debajo de otras es algo más que la fuerza bruta, ya que varios tipos inteligentes de diablo tienen prioridad sobre otros camaradas más fuertes. Aunque la posición de un diablo no significa que pueda mandar al momento sobre cada uno de los diablos de nivel inferior, sí implica qué infernales podrían servir a sus camaradas, o cuáles tener influencia sobre otros.
A pesar de que el dirigente del Infierno es Asmodeo, sus preocupaciones tienen mucha más envergadura y son más amplias: deja la mayor parte de los asuntos menores del Infierno a sus ocho archidiablos y sus legiones de duques infernales. Bajo ellos están las razas de diablos en sí mismas, desde los señoriales y maléficos diablos de la sima hasta los humildes y deformes lémures.
Este listado, desde los diablos más débiles hasta los Señores del Infierno, es la jerarquía más básica de los habitantes mejor conocidos del reino infernal.
Diablillos, lémures.
Diablos barbados (barbazu), erinias, diablos punzantes (hamatula), diablos óseos (osyluth).
Diablos astados (cornugones), diablos gélidos (gelugones), diablos de la sima.
Duques del Infierno, archidiablos, Asmodeo.
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| • Investigador |
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| Descripción del Equipo |
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| • Armaduras |
| • Bienes y servicios |
| Descripción de las Razas |
| Razas básicas |
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| Descripción de las Clases |
| Nuevas clases básicas |
| • Adalid |
| • Alquimista |
| • Brujo |
| • Convocador |
| • Inquisidor |
| • Oráculo |
| Descripción del Equipo |
| Objetos de inventario |
| • Armas |
| • Armaduras |
| • Bienes y servicios |
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